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¿Segunda vez? Por qué la reinfección de COVID-19 en niños es más seria de lo que pensamos

  • Foto del escritor: Alejandro Díaz
    Alejandro Díaz
  • hace 8 horas
  • 4 Min. de lectura
Por qué la reinfección de COVID-19 en niños es más seria de lo que pensamos

Editorial

La evidencia es clara: la reinfección no es inofensiva. La vigilancia clínica continua y el fomento de la vacunación para prevenir ese primer contagio (o mitigar los siguientes) siguen siendo esenciales para proteger el desarrollo a largo plazo de nuestros hijos.

Durante gran parte de la era dominada por la variante Ómicron, se ha consolidado la percepción de que las reinfecciones por SARS-CoV-2 en niños y adolescentes son eventos "leves" o meros trámites para el sistema inmunológico. Sin embargo, los datos científicos más recientes del consorcio RECOVER cuentan una historia distinta. El estudio RECOVER-EHR, publicado recientemente en The Lancet Infectious Diseases, representa la investigación más ambiciosa hasta la fecha sobre este tema. Analizando los registros de 40 hospitales pediátricos en EE. UU. entre el 1 de enero de 2022 y el 13 de octubre de 2023, este estudio finalmente aporta la potencia estadística que investigaciones previas más pequeñas no lograron alcanzar.


Como especialistas en salud pública, debemos ser claros: el riesgo de desarrollar secuelas post-agudas (PASC o Long COVID) no se diluye con el tiempo; por el contrario, parece ser un riesgo acumulativo que desafía la idea de una "inmunidad total" tras el primer contagio.


El riesgo se duplica: La importancia del dato acumulado


El hallazgo central del estudio RECOVER-EHR es contundente: los menores tienen un riesgo significativamente mayor de recibir un diagnóstico clínico de Long COVID (bajo el código médico U09.9) tras una segunda infección en comparación con la primera.


Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron una técnica avanzada llamada "propensity-score matching". Este método permite comparar de manera justa a niños con una y dos infecciones, asegurando que factores como la edad, el sexo y las condiciones preexistentes estuvieran equilibrados entre ambos grupos. Los resultados muestran un Riesgo Relativo (RR) de 2.08. En términos prácticos, un niño tiene más del doble de probabilidades de ser diagnosticado con secuelas persistentes después de reinfectarse que tras su primer encuentro con el virus.


Este "doble riesgo" sugiere que el sistema inmunológico pediátrico y los órganos vitales enfrentan una carga de estrés acumulada, lo que desmiente la noción de que cada infección sucesiva es necesariamente más "inofensiva" que la anterior.


Amenazas al corazón y la circulación: Más allá de la miocarditis


Uno de los puntos más críticos detectados es el impacto en la salud cardiovascular y circulatoria. El riesgo de sufrir miocarditis (inflamación del músculo cardíaco) se multiplica por 3.60 tras una reinfección. Pero no es la única alarma: el estudio también identificó un riesgo elevado de tromboflebitis y tromboembolismo (RR 2.28), condiciones relacionadas con la formación de coágulos que pueden ser peligrosas.

Como se destaca en el estudio original:


"Reinfection was associated with a significantly increased risk of an overall PASC diagnosis... and a range of symptoms and conditions... including myocarditis."

("La reinfección se asoció con un riesgo significativamente mayor de un diagnóstico general de PASC... y una variedad de síntomas y afecciones... incluyendo la miocarditis").

Estos hallazgos subrayan la necesidad de un monitoreo cardiovascular y circulatorio riguroso en niños que han pasado por múltiples episodios de COVID-19, incluso si la fase aguda pareció manejable.


El "Paradox de la Vacuna" y la severidad previa


Un hallazgo contraintuitivo del estudio RECOVER-EHR es que este aumento del riesgo persiste independientemente de factores que antes considerábamos escudos totales.

  • Vacunación: Si bien la vacuna es nuestra mejor herramienta para prevenir la primera infección y cuadros graves, el estudio observó que, si ocurre una reinfección (infección de ruptura), el riesgo adicional de Long COVID sigue presente. De hecho, el riesgo relativo fue ligeramente mayor en el grupo vacunado (RR 2.53) frente al no vacunado (RR 2.21), lo que nos recuerda que la vacuna previene el contagio inicial, pero no otorga un "pase libre" ante reinfecciones sucesivas.

  • Gravedad de la infección inicial: El riesgo aumentó tanto en niños que tuvieron casos agudos graves como en aquellos con casos leves o asintomáticos. No haber estado grave la primera vez no garantiza protección contra secuelas la segunda vez.


Un ataque multisistémico: La diferencia en pediatría


A diferencia de los adultos, donde el Long COVID suele manifestarse con problemas respiratorios claros, en niños el PASC es extremadamente heterogéneo y a menudo presenta síntomas no específicos que pueden pasar desapercibidos.

Basado en la evidencia de RECOVER-EHR, el virus en su segunda incursión puede causar daños "silenciosos" o sistémicos:


  • Daño orgánico invisible: Se detectó un aumento en niveles anormales de enzimas hepáticas (RR 1.56) y casos de lesión renal aguda (RR 1.90), lo que sugiere un impacto en órganos internos que los padres no pueden ver como una simple fatiga.

  • Neurológico y Salud Mental: Incluye dolores de cabeza, deterioro cognitivo y problemas de salud mental (RR 1.38), demostrando que el impacto no es solo físico, sino también emocional y psicológico.

  • POTS o Disautonomía: Incremento en casos de mareos o taquicardia al ponerse de pie, una condición debilitante que afecta la vida escolar.

  • Diferencias por edad: El estudio notó que los adolescentes (12-20 años) y niños de 5 a 11 años tienen los riesgos más altos de un diagnóstico general de PASC, mientras que los más pequeños (0-4 años) presentan riesgos específicos más elevados de problemas en el hígado y coágulos sanguíneos.


Conclusión: Mirando hacia un futuro de cuidado preventivo


Entendemos la "fatiga de COVID" que sienten las familias y los educadores; sin embargo, los hallazgos del consorcio RECOVER transforman nuestra comprensión sobre el riesgo acumulado. La evidencia es clara: la reinfección no es inofensiva. La vigilancia clínica continua y el fomento de la vacunación para prevenir ese primer contagio (o mitigar los siguientes) siguen siendo esenciales para proteger el desarrollo a largo plazo de nuestros hijos.


Ante esta realidad científica, cabe hacernos una pregunta fundamental: ¿Cómo debería cambiar nuestra actitud hacia la prevención de contagios en las escuelas y hogares ahora que sabemos que cada nueva infección cuenta y suma riesgos reales para el corazón y la salud sistémica de los niños?

 

Referencias Bibliográficas (Fuentes Oficiales)


Zhang, B., Wu, Q., Jhaveri, R., et al. (2026). Long COVID associated with SARS-CoV-2 reinfection among children and adolescents in the omicron era (RECOVER-EHR): A retrospective cohort study. The Lancet Infectious Diseases, 26, 127–138. https://doi.org/10.1016/S1473-3099(25)00476-1



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