Cuatro vacunas, un corazón


La gripe, la COVID-19, el VRS y el herpes zóster no solo enferman el pulmón o la piel. En los días y meses que siguen a la infección, el corazón también paga una parte de la cuenta. Un artículo de divulgación propone que vacunarse contra estas cuatro infecciones es, también, una forma de cuidar el corazón. Revisamos qué tan sólida es esa idea.
Mensaje central. Hay evidencia consistente de que estas infecciones se asocian con más infartos, insuficiencia cardiaca y daño vascular. Que la vacuna proteja el corazón es una inferencia razonable, pero solo se ha medido de forma directa para el herpes zóster, y en estudios observacionales. |
Artículo de origen: Simpson M. Four vaccines that can protect your heart. Skeptical Raptor, 25 oct 2026. Las cifras de esta editorial se verificaron en los resúmenes de los estudios que cita.
Clave de lectura: DATO resultado medido INTERPRETACIÓN lo que proponen autores o artículo HIPÓTESIS falta demostrarlo LIMITACIÓN afecta la lectura
6,05× más ingresos por infarto en la semana siguiente a una gripe confirmada IC 95% 3,86–9,50 · Kwong 2018 | 22,4% de los adultos ≥50 años hospitalizados por VRS tuvo un evento cardiaco agudo IC 95% 21,0–23,7 · n = 6248 · Woodruff 2024 |
3,85 HR de eventos cardiovasculares mayores tras hospitalización por COVID-19 IC 95% 3,51–4,24 · Hilser 2024 | −9% carga cardiovascular a 7 años: vacuna recombinante del zóster vs. atenuada RMTL 0,91 (0,88–0,95) · Corsi-Zuelli 2026 |
1 · EL PROBLEMA
Una infección respiratoria también es un evento cardiaco
Solemos pensar en la gripe o en el VRS como enfermedades del pulmón. Pero cuando se mira qué pasa en los días posteriores al diagnóstico, aparece otra historia: el riesgo de infarto se dispara justo después de la infección y luego vuelve a su nivel habitual.
El estudio más claro sobre esto viene de Ontario, Canadá. Sus autores compararon a cada paciente consigo mismo: cuántos infartos tuvo en la semana posterior a una prueba positiva de virus respiratorio frente al resto del año anterior y del siguiente. En esa primera semana, la tasa de ingresos por infarto fue seis veces mayor.
Riesgo de infarto en los 7 días posteriores a una infección viral confirmada

Cada cuadro es la estimación central y la línea, su intervalo de confianza del 95%. La línea discontinua marca 1, sin cambio de riesgo. La escala es logarítmica para que intervalos amplios, como el del VRS, se lean de forma proporcionada. Después del día 7 no se observó aumento.
Fuente: Kwong JC et al. N Engl J Med 2018;378:345–53. Serie de casos autocontrolada; 364 hospitalizaciones por infarto. Riesgo: 20,0 ingresos/semana vs. control: 3,3.
DATO El VRS, el virus que vigila VIRALNET, también aparece: 3,51 veces más infartos en la semana posterior a la infección, con un intervalo amplio (1,11–11,12) por el número pequeño de casos.
2 · LA PREGUNTA
Si la infección daña el corazón, ¿la vacuna lo protege?
Esa es la idea que defiende el artículo. Suena lógica, pero para darla por probada hacen falta tres eslabones, y no todos tienen el mismo respaldo.
El primero, que la infección aumenta el riesgo cardiovascular, está bien documentado para los cuatro virus. El segundo, que la vacuna reduce la infección o su gravedad, es la base de su uso, aunque el artículo no lo cuantifica. El tercero, que vacunarse se traduzca en menos eventos cardiacos, es el que el artículo solo respalda con datos directos para el herpes zóster.
ESLABÓN 1 La infección aumenta el riesgo cardiovascular Medido para influenza, COVID-19, VRS y zóster en los estudios citados. DATOS CONSISTENTES | ESLABÓN 2 La vacuna previene la infección o su gravedad Es el fundamento de cada vacuna, pero el artículo no aporta cifras de eficacia. ASUMIDO POR EL ARTÍCULO | ESLABÓN 3 Vacunarse reduce los eventos cardiacos Medido directamente solo para la vacuna recombinante del zóster, en dos estudios observacionales. PARCIALMENTE DEMOSTRADO |
Para influenza, COVID-19 y VRS, la protección cardiaca de la vacuna es una inferencia: los estudios citados miden el daño de la infección, no el efecto de vacunarse.
3 · CÓMO SE INVESTIGÓ
Siete estudios, siete diseños distintos
El artículo de origen es una pieza de divulgación, no un estudio. Su fuerza está en los siete trabajos que reúne, y por eso fuimos a sus resúmenes para verificar cada cifra.
Ninguno de ellos es un ensayo clínico aleatorizado. Son cohortes, series de casos y análisis de vigilancia, cada uno con una pregunta y un tipo de comparación distintos. Saber qué mide cada uno es lo que permite leer bien sus resultados.
ESTUDIO | VIRUS | DISEÑO | POBLACIÓN | MIDE |
Kwong 2018 · NEJM | Influenza, VRS, otros | Serie de casos autocontrolada | 364 ingresos por infarto, Ontario | Infección → corazón |
Modin 2024 · JACC | Influenza | Series temporales nacionales | ~70 570 pacientes/año con insuficiencia cardiaca, Dinamarca | Infección → corazón |
Hilser 2024 · ATVB | COVID-19 | Cohorte con controles emparejados | 10 005 casos, UK Biobank, 2020 | Infección → corazón |
Bruno 2025 · Eur Heart J | COVID-19 | Cohorte prospectiva multicéntrica | 2390 personas, 34 centros, 16 países | Infección → arterias |
Woodruff 2024 · JAMA Intern Med | VRS | Transversal sobre vigilancia | 6248 adultos ≥50 años hospitalizados, 12 estados de EE. UU. | Infección → corazón |
Rayens 2025 · Clin Infect Dis | Zóster | Cohorte emparejada 1:4 | 102 766 vacunados y 411 064 no vacunados ≥50 años | Vacuna → corazón |
Corsi-Zuelli 2026 · Nat Med | Zóster | Experimento natural | Adultos ≥60 años, EE. UU.; n no reportado en el resumen | Vacuna → corazón |
Fuente: resúmenes de los estudios citados por Simpson 2026. Referencias completas al final.
4 · QUÉ ENCONTRARON
Cuatro infecciones, un mismo patrón
Virus distintos, poblaciones distintas y diseños distintos llegan a una conclusión parecida: tras la infección, el sistema cardiovascular queda más expuesto. Veamos cada caso.
Influenza: el riesgo se concentra en la primera semana
Además del aumento de infartos que muestra el estudio canadiense, un análisis danés midió el peso de la gripe en personas que ya viven con insuficiencia cardiaca. A lo largo de ocho temporadas, la circulación de influenza explicó una parte pequeña pero real de sus muertes.
DATO 2,6% de todas las muertes en pacientes con insuficiencia cardiaca, asociado a la gripe (IC 95% 1,5–5,1). | DATO 2,9% de las muertes cardiovasculares en ese mismo grupo (IC 95% 1,5–6,1). | DATO 5,0% de las hospitalizaciones por neumonía o influenza en pacientes con insuficiencia cardiaca. |
Fuente: Modin D et al. J Am Coll Cardiol 2024;84:2460–7. Dinamarca, 2010–2018. Exceso de mortalidad por series temporales; no analiza la vacunación.
COVID-19: un riesgo que se prolonga durante años
Con la COVID-19 el efecto no se limita a los días de la infección. En el UK Biobank, quienes tuvieron COVID en 2020 presentaron más eventos cardiovasculares mayores durante casi tres años. En los hospitalizados, el riesgo fue casi cuatro veces el de los controles, y comparable al de alguien que ya tenía una enfermedad cardiovascular.
Riesgo de infarto, ictus o muerte (MACE) tras la COVID-19, más de 1000 días

La tercera fila es la más llamativa: los hospitalizados por COVID sin enfermedad cardiovascular previa tuvieron un riesgo algo mayor (HR 1,21) que personas con enfermedad cardiovascular que no tuvieron COVID. Por eso los autores proponen considerar la COVID grave como un “equivalente de riesgo” de enfermedad coronaria.
Fuente: Hilser JR et al. Arterioscler Thromb Vasc Biol 2024;44:2321–33. UK Biobank; 10 005 casos (feb–dic 2020); 217 730 controles poblacionales y 38 860 emparejados.
El estudio CARTESIAN buscó qué pasa en las arterias. Seis meses después de la infección, las personas que habían tenido COVID tenían arterias más rígidas que quienes no la tuvieron, un signo de envejecimiento vascular. En las mujeres la diferencia fue mayor, sobre todo en las que pasaron por cuidados intensivos.
Rigidez arterial tras la COVID-19, frente a controles sin infección

La velocidad de onda de pulso (VOP) mide qué tan rígidas son las grandes arterias: más velocidad, más rigidez. Valor de referencia de los controles: 7,53 m/s. En los hombres no hubo diferencia significativa. El resumen no reporta intervalos de confianza para estas diferencias (todas con p ≤ 0,003). A los 12 meses, la VOP se mantuvo estable o mejoró en los grupos con COVID.
Fuente: Bruno RM et al. Eur Heart J 2025;46:3905–18. Cohorte prospectiva, 2390 personas, 34 centros en 16 países.
VRS: uno de cada cuatro adultos hospitalizados tiene un evento cardiaco
Para una red como VIRALNET, este es quizás el dato más cercano. En cinco temporadas de vigilancia en Estados Unidos, casi una cuarta parte de los adultos de 50 años o más hospitalizados por VRS tuvo un evento cardiaco agudo, sobre todo insuficiencia cardiaca. Y quienes lo tuvieron terminaron con más frecuencia en cuidados intensivos o murieron en el hospital.
Eventos cardiacos agudos en adultos ≥50 años hospitalizados con VRS

Un mismo paciente puede tener más de un tipo de evento, por eso las categorías no suman el total.
Fuente: Woodruff RC et al. JAMA Intern Med 2024;184:602–11. RSV-NET, 12 estados, 5
temporadas; n = 6248; mediana de edad 72,7 años.}

Herpes zóster: el único caso con datos de la vacuna
Aquí la evidencia cambia de naturaleza. Los dos estudios sobre el zóster ya no miden el daño de la infección, sino lo que pasa con quienes se vacunan. En California, quienes recibieron las dos dosis de la vacuna recombinante (Shingrix) tuvieron menos infartos e ictus hospitalizados que personas no vacunadas comparables.
Vacuna recombinante del zóster frente a no vacunar: infarto e ictus

Menos de 1 significa menos eventos en los vacunados. Los propios autores advierten que la reducción “podría no explicarse solo por la prevención del zóster”, lo que sugiere que parte de la diferencia puede deberse a que quienes se vacunan son distintos de quienes no lo hacen.
Fuente: Rayens E et al. Clin Infect Dis 2025;81:e441–5. Kaiser Permanente Southern California; 102 766 vacunados y 411 064 no vacunados ≥50 años. Análisis interino. Financiado por GSK.
El segundo estudio intentó resolver justo ese problema. En lugar de comparar vacunados con no vacunados, aprovechó un momento en que Estados Unidos pasó con rapidez de la vacuna atenuada a la recombinante. Así comparó a personas que se vacunaron justo antes del cambio con otras que lo hicieron justo después, dos grupos muy parecidos entre sí.
Vacuna recombinante frente a atenuada: carga cardiovascular a 7 años

Una razón de 0,91 equivale a un 9% menos de tiempo perdido por eventos cardiovasculares. El efecto fue más modesto que en el estudio anterior y se fue atenuando con el tiempo. No hubo asociación con otros desenlaces cardiacos, periféricos o cerebrovasculares.
Fuente: Corsi-Zuelli F et al. Nat Med 2026. doi:10.1038/s41591-026-04606-0. Adultos ≥60 años, EE. UU. El resumen no informa el tamaño de la muestra.
5 · QUÉ SIGNIFICA
Evitar la infección es evitar su onda expansiva
La lectura más sólida es indirecta: si estas infecciones aumentan el riesgo cardiovascular, prevenirlas debería evitar parte de ese daño. El artículo lo plantea así, y no como un efecto directo de las vacunas sobre el corazón.
El caso del zóster abre una pregunta más interesante. Si la vacuna recombinante se asocia con menos eventos que la atenuada, aunque ambas buscan prevenir la misma enfermedad, quizá hay algo más que la simple prevención de la infección. Esa posibilidad todavía es una hipótesis.
INTERPRETACIÓN · CAMINO INDIRECTO 1. La vacuna previene la infección o la hace más leve. 2. Hay menos inflamación aguda y menos estrés sobre el corazón y las arterias. 3. Ocurren menos infartos, insuficiencia cardiaca e ictus en las semanas o años siguientes. Coherente con los datos de influenza, COVID-19 y VRS, aunque no se midió el efecto de la vacuna sobre estos desenlaces. | HIPÓTESIS · EFECTO ADICIONAL 1. La vacuna recombinante estimula el sistema inmune de una forma particular. 2. Eso podría ayudar a reducir una inflamación persistente de bajo grado. 3. El riesgo cardiovascular bajaría más allá de evitar el zóster. Idea sugerida en el artículo por el virólogo Ian Jones (Universidad de Reading), que la presenta como una posibilidad. Los autores de Nat Med piden ensayos y estudios mecanísticos. |
6 · POR QUÉ IMPORTA
Los más expuestos son quienes ya tienen el corazón vulnerable
Si algo repiten los estudios es que el riesgo no se reparte por igual. Las personas mayores y quienes ya viven con enfermedad cardiovascular son las que más tienen que perder con una infección, y las que más podrían ganar con la prevención.
El artículo recoge las recomendaciones vigentes en Estados Unidos para cada vacuna. En Colombia y en el resto de la región, los esquemas y edades pueden ser distintos, así que conviene contrastarlos con las guías locales.
A quién se dirige cada vacuna, según el artículo (recomendaciones de EE. UU.)
VACUNA | POBLACIÓN RECOMENDADA | SEÑAL CARDIOVASCULAR EN LOS ESTUDIOS |
Herpes zóster recombinante | 2 dosis, adultos ≥50 años y ≥19 años inmunocomprometidos | Menos infartos, ictus y carga cardiovascular en vacunados |
Influenza | Casi todas las personas desde los 6 meses; dosis alta, recombinante o adyuvada en ≥65 años | Infarto ×6 en la semana posterior; muertes en insuficiencia cardiaca |
COVID-19 | ≥65 años y personas más jóvenes con al menos una condición de riesgo | Más eventos cardiovasculares durante años; rigidez arterial |
VRS | Dosis única, 50–74 años con riesgo aumentado y todos los ≥75 años | Evento cardiaco en casi 1 de cada 4 hospitalizados |
Fuente: Simpson 2026, según recomendaciones de los CDC y del ACIP citadas en el artículo.
NOTA EDITORIAL VIRALNET · NO FORMA PARTE DEL ARTÍCULO El VRS en adultos también es un asunto cardiovascular Tres de las cuatro infecciones de esta editorial son respiratorias, y el VRS es la que vigila nuestra red. Los datos de RSV-NET sugieren que medir la carga del VRS en adultos solo por sus complicaciones respiratorias puede dejar fuera una parte importante del daño. Dejamos estas preguntas abiertas: • ¿Con qué frecuencia aparecen eventos cardiacos agudos en adultos hospitalizados por VRS en Colombia y la región? • ¿Conviene registrar de forma sistemática insuficiencia cardiaca, isquemia y arritmias en la vigilancia de VRS en adultos? |
7 · QUÉ INTERPRETAR CON CAUTELA
Una idea bien encaminada, con evidencia todavía incompleta
El vínculo entre infección y corazón está bien respaldado. La protección cardiaca de las vacunas, en cambio, sigue apoyándose sobre todo en inferencias y en estudios observacionales.
Divulgación, no revisión sistemática El artículo es un texto de blog que selecciona siete estudios. No explica cómo los eligió ni discute la evidencia en contra. | Infección no es lo mismo que vacuna Para influenza, COVID-19 y VRS, los estudios miden el daño de la infección. No miden si vacunarse reduce los eventos cardiacos. |
Ningún ensayo aleatorizado Todos los estudios citados son observacionales. Pueden mostrar asociación, no demostrar causalidad. | Sesgo del vacunado sano Quienes se vacunan suelen cuidarse más. Rayens reconoce posible confusión residual; Corsi-Zuelli usa un diseño que la reduce, pero su efecto es menor y se atenúa con el tiempo. |
Conflictos de interés Rayens fue financiado por GSK, fabricante de Shingrix. En Corsi-Zuelli, dos autores reportan consultorías con GSK, aunque GSK no participó en el estudio. | Poblaciones particulares Hilser analiza COVID en 2020, antes de la vacunación masiva. Woodruff solo incluye hospitalizados. Modin es un análisis poblacional que no sigue a individuos. |
El titular del artículo, “vacunas que pueden proteger tu corazón”, va un paso más allá de lo que hoy muestran los datos. Lo que sí puede decirse con confianza es que estas infecciones ponen en riesgo al corazón, y que prevenirlas tiene sentido también desde la cardiología. Si las vacunas reducen ese riesgo, y cuánto, es la pregunta que los ensayos clínicos que piden los autores de Nature Medicine tendrán que responder.
Limitaciones que deben aparecer
• Artículo de divulgación con selección de estudios no sistemática.
• Para influenza, COVID-19 y VRS no se mide el efecto cardiaco de la vacuna.
• Todos los estudios son observacionales; ningún ensayo aleatorizado.
• Posible sesgo del vacunado sano y confusión residual.
• Financiación y consultorías de GSK en los estudios de zóster.
• Recomendaciones de vacunación referidas a EE. UU.
Referencias
1. Simpson M. Four vaccines that can protect your heart. Skeptical Raptor; 25 oct 2026.
2. Kwong JC, Schwartz KL, Campitelli MA, et al. Acute myocardial infarction after laboratory-confirmed influenza infection. N Engl J Med 2018;378:345–53. doi:10.1056/NEJMoa1702090
3. Modin D, Claggett B, Johansen ND, et al. Excess mortality and hospitalizations associated with seasonal influenza in patients with heart failure. J Am Coll Cardiol 2024;84:2460–7. doi:10.1016/j.jacc.2024.08.048
4. Hilser JR, et al. COVID-19 is a coronary artery disease risk equivalent and exhibits a genetic interaction with ABO blood type. Arterioscler Thromb Vasc Biol 2024;44:2321–33. doi:10.1161/ATVBAHA.124.321001
5. Bruno RM, et al. Accelerated vascular ageing after COVID-19 infection: the CARTESIAN study. Eur Heart J 2025;46:3905–18. doi:10.1093/eurheartj/ehaf430
6. Woodruff RC, et al. Acute cardiac events in hospitalized older adults with respiratory syncytial virus infection. JAMA Intern Med 2024;184:602–11. doi:10.1001/jamainternmed.2024.0212
7. Rayens E, Sy LS, Qian L, et al. Adjuvanted recombinant zoster vaccine is effective against herpes zoster ophthalmicus, and is associated with lower risk of acute myocardial infarction and stroke in adults aged ≥50 years. Clin Infect Dis 2025;81:e441–5. doi:10.1093/cid/ciaf440
8. Corsi-Zuelli F, Li F, Upthegrove R, et al. Recombinant shingles vaccination and the risk of cardiovascular events. Nat Med 2026. doi:10.1038/s41591-026-04606-0
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